Sopa de Miso

Al volver de Tokio sigo leyendo sobre Japón. Como propuesta, uno de los libros más impactantes y oportunos por las fechas del año en las que se desarrolla la trama es Sopa de Miso, de Ryu Murakami. Trata la relación entre un guía japonés especializado en las zonas de ocio sexual tokiotas y su cliente, un norteamericano inquietante.
La extrañeza de ambos mundos emerge de manera brutal a la vez que sugerente, logrando ese equilibrio al alcance de muy pocos: los virtuosos que permiten acercarte a la violencia haciéndote, de algún modo, comprenderla; fascinando a la vez que repugnando.
Además del suspense estupendamente conducido, la originalidad de varias situaciones y lo ilustrativa que resulta la lectura para moverse sobre todo en las áreas de Shinjuku y Kabuki-cho, ahí van algunos fragmentos que quizás te acaben de animar a abordarlo:

"En general, los aficionados a las películas de terror tienen vidas aburridas. Necesitan que los estimulen y necesitan reafirmarse, porque cuando termina una película que te asusta de verdad, te confirma que sigues vivo y que el mundo aún existe. Ésa es la verdadera razón de que existan las películas de terror (asimilar emociones) y si desaparecen perderemos una de las pocas formas que tenemos de aliviar la ansiedad de la imaginación".

"No estoy seguro de que exista un yo real. Te puedes hurgar en las entrañas en busca de tu yo sin hallarlo, cortarte en rodajas y lo único que vas a encontrar es sangre y músculos  y huesos...".

Por si fuera poco, se informa, por ejemplo, de que en la Víspera de Año Nuevo los japoneses comen largos fideos de trigo porque simbolizan la esperanza de una vida larga.
O de que un pub de omiai "es aquel en el que el establecimiento invita a las mujeres que pasan por la calle a tomar un trago y cantar karaoke gratuitamente. Los clientes masculinos pagan por entrar e intentan levantárselas".

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