Y, sin garantías, salta


Nadie le ha dado garantías y, sin embargo, salta. Abre y cierra las manos, para tocar nada.
Le han dicho que se va a destrozar, que habrá que recoger sus añicos, pero ahora se le impone una felicidad que, como es genuina, desprecia el futuro.
-Vuelo-, murmura.
-¡Vuelo!-, grita.
Es una caída libre de cuarenta y dos metros, debe ir por el octavo, ganando velocidad.
-Ya eres viejo para esto-, le decían.
-¿Y si te estrellas? ¿Has pensado en los años que perderás?
Deben quedar veintitrés metros hasta donde se abre la minúscula hoya en la que pretende acertar. Nunca nadie antes lo ha probado, al menos no por ese ángulo, nunca desde tan alto. Doce metros para el impacto. Cierra los ojos. ¿Qué he hecho? Falta un metro. Entonces abre los ojos para afrontar de cara el destino que buscó.

0 comentarios: